América latina y la Revolución social del Proletariado parte 1

América Latina y la Revolución Social del Proletariado

La realidad actual de América Latina es una cuestión a desentrañarse más profunda y objetivamente.

Pablo Miranda | Para kaos en la red | 16-3-2009 

La realidad actual de América Latina es una cuestión a desentrañarse más profunda y objetivamente.

Una primera constatación es que efectivamente se trata de un subcontinente que en el que se registran algunas características comunes y también grandes y pequeñas diferencias.

América Latina está conformada por más de una veintena de países, en cada uno de los cuales se ha constituido un estado – nación, que encierra un diferente nivel de desarrollo económico y en el que se construye una cultura particular.

Ciertamente, América   Latina está integrada por varios países de habla hispana, es decir conquistados y colonizados por España, por un gran país que habla el portugués y algunos estados de lengua francesa.

En los países de lengua española sucedió, en el pasado mediato la imposición de la cultura y el idioma españoles, se impuso por más de tres siglos el colonialismo y a principios del siglo XIX, la mayoría de ellos alcanzaron la independencia; las guerras liberadoras se desenvolvieron en toda la región de manera coordinada y en algunos casos y lugares se trato de guerras unificadas, puesto que todavía no existían los estados y países actuales, que nacieron, precisamente como producto de la independencia del coloniaje español. Ese pasado común dejó una impronta de unidad, unos rasgos de identidad que hermanan a los pueblos y países, pero que, en ningún caso, pueden permitirnos hablar de una "patria latinoamericana".

Los países latinoamericanos tienen -valga la metáfora- los rasgos comunes de la diversidad.

Basta con anotar que en algunos países como Ecuador, Bolivia, Perú, Guatemala y México, entre otros, los pueblos indígenas, tienen un sitial significativo por su número y la fortaleza de sus culturas; y que, otros países de la zona del Caribe como Cuba, República Dominicana, Haití, Panamá, Colombia cuentan con importantes conglomerados y pueblos negros. En Sudamérica, Brasil es otro país que registra en su población al pueblo negro. En todo caso, en cada país, se afincó en el pasado y se va desarrollando ahora, una cultura nacional. Sobre todo, el diferente nivel de desarrollo de las fuerzas productivas marca diversidades económicas, sociales y culturales que es necesario tener en cuenta.

Lo anotado establece la necesidad de entender América Latina como un conjunto de países y no como una entidad única.

Algunas fuerzas políticas de la pequeño burguesía revolucionaria proponen la revolución latinoamericana y la conciben como batallas de carácter continental, como la organización de fuerzas políticas y militares continentales, etc. Esta es una tesis que se expone desde los años sesenta del siglo pasado. Ahora, con la globalización, aparentemente, esa teoría tendría mayor fundamento y veracidad.

Los comunistas marxista leninistas somos por naturaleza una formación política internacionalista, luchamos por la revolución internacional del proletariado, estamos convencidos de que sólo de esa manera se podrá implantar el socialismo y el comunismo en el mundo. Sin embargo, tenemos en cuenta la realidad. El proletariado se constituye como clase en cada país, y en el enfrenta la responsabilidad de erigirse en el organizador y conductor de la revolución social; el partido comunista participa en ese proceso y reivindica los intereses sociales y nacionales de los trabajadores y los pueblos. Tenemos en cuenta, además, que la existencia de la dominación imperialista y la necesidad, el deseo y la voluntad de liberarse de ella, amplía las fuerzas revolucionarias a otras clases y sectores sociales.

Existen factores de todo orden: económicos, sociales, culturales y políticos que expresan el desarrollo desigual de los países y por tanto, condiciones particulares que hacen imposible la "revolución continental".

A pesar de que América Latina constituye el patio trasero del imperialismo norteamericano, las cadenas de su dominación no se tensan por igual en todos ellos. En algún país están más afirmadas que en otro. En otro país están debilitadas y pueden romperse. Esa es la experiencia histórica, esa es una de las tesis leninistas sobre el imperialismo.

Por estas razones los comunistas marxista leninistas suscribimos la tesis de la necesidad y la posibilidad de hacer la revolución en América Latina, la exigencia del apoyo mutuo y la coordinación de los revolucionarios y la lucha en los países latinoamericanos, tenemos, incluso, la disposición y en alguna medida la práctica de combatir por la revolución más allá de las fronteras nacionales, de organizar todo tipo de contribución en apoyo de la revolución en otros países. Pero entendemos que la revolución no se exporta, que se organiza, se desarrolla y conquistará la victoria bajo la responsabilidad y el esfuerzo de los trabajadores y de los pueblos de cada uno de los países.

Es evidente, por otro lado, en la situación de América Latina, cierta unidad y continuidad territorial, un pasado mediato e inmediato que registra problemas materiales y espirituales comunes, con importantes similitudes culturales, con una tradición de lucha revolucionaria conjunta en las guerras de la independencia, las lenguas latinas, el español y el portugués que permiten la comunicación fácil entre sus pueblos. Una historia signada por la opresión y dominación imperialista, principalmente norteamericana; una tradición de solidaridad entre los pueblos, entre otros rasgos comunes. Todas estas circunstancias establecen las condiciones favorables y la necesidad de trabajar entre los revolucionarios de América Latina para estrechar los lazos de unidad y colaboración mutuas.

La dominación imperialista en

América Latina

 

Por razones geográficas, pero sobre todo por consideraciones del atraso y la dependencia de los países situados en América Latina, los gobiernos de los EE.UU., que fueron siempre representantes de los monopolios y del imperialismo estadounidense, consideraron a la América Latina como parte de sus "posesiones", como su área exclusiva, como "su patio trasero".

Los EE.UU. asumieron que fueron situados por "dios y por la historia" para la dominación del mundo, afirmándose y expandiéndose desde América Latina. Esos son los fundamentos de la doctrina del "destino manifiesto", de la tesis "América para los americanos". En los hechos impusieron la dominación colonial de Puerto Rico, invadieron por repetidas ocasiones  varios países de América Central y del Caribe, desmembraron a México. A partir del siglo XX, tendieron las cadenas de la dominación neocolonial en todos los países de la región, a través de eslabones de carácter económico y político que les otorgan el derecho de decidir sobre la economía y la política de los estados del Sur de Río Grande.

La gran mayoría de los países conquistados y colonizados por España en el continente americano libraron cruentas guerras independentistas a principios del Siglo XIX. La Corona Española capituló cuando las batallas de Junín y Ayacucho, libradas en el actual territorio del Perú.

Las guerras de la Independencia se desarrollaron desde México hasta la Patagonia;   en ellas participaron los criollos – hijos de españoles nacidos en América – las amplias masas de artesanos, comerciantes y campesinos; los mestizos, los indígenas y los negros. Se constituyeron ejércitos que recorrieron las montañas y los llanos de todo el subcontinente. Inglaterra, EE.UU. y Francia, principalmente, fueron las potencias militares de la época que intervinieron en diversa medida: con préstamos, venta de armas, auxilios militares, incluso algunos batallones y oficiales. Esa participación no era expresión de la solidaridad, sino de la naciente contienda entre las potencias europeas y EE.UU. por repartirse los dominios de España en América.

Más adelante en la luchas por la Independencia de Brasil concurrieron circunstancias y fuerzas parecidas. Y, luego, cuando la Independencia de Cuba, apareció de nuevo la presencia norteamericana.

Estos antecedentes históricos y el desarrollo lento y deformado de las economías de los países latinoamericanos evidencian que esos estados nacionales nunca se desarrollaron de manera plenamente independiente.

Las burguesías criollas nacieron débiles y con la excepción de las oligarquías brasilera, mexicana y argentina continúan débiles. Siempre miraron y se subordinaron al poder extranjero. Incluso la gran burguesía de México, Brasil y Argentina se han desarrollado bajo la tutela de los países imperialistas, principalmente de los EE.UU.

A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, de manera rápida y multilateral los EE.UU. afirmaron su hegemonía económica y política, prácticamente, en la totalidad de los países de América Latina.

La derrota del fascismo y el debilitamiento de los países imperialistas de Europa permitieron la expansión del imperialismo estadounidense no sólo en Latinoamérica sino en todo el mundo.

A partir de entonces la historia de América Latina está signada por el desenvolvimiento de la economía y la política de los monopolios norteamericanos. Estas circunstancias perduran, con la excepción de Cuba, posterior a 1959, año del triunfo de la revolución. Esta situación no excluye la presencia de otros monopolios internacionales y otros países imperialistas en América Latina. Desde Europa, Inglaterra, Francia, Alemania, España, principalmente. Desde Asia, Japón y, en los últimos tiempos, China.

Esto quiere decir que el carácter capitalista y dependiente de las economías latinoamericanas, independientemente del grado de desarrollo de cada país, es la característica fundamental.

En una rápida mirada a los acontecimientos sociales, económicos y políticos de América Latina, a partir de los años cincuenta del siglo pasado podemos constatar que, en lo fundamental, el peso de los designios económicos de los monopolios norteamericanos se extiende como la marea, recorre los diferentes países, se aplica en todos ellos, naturalmente, en magnitudes y condiciones diferentes. En realidad, esas orientaciones <pomposamente se los denomina, modelos de desarrollo> dan el marco referencial para el desenvolvimiento de la vida económica y social.

Esos "modelos de desarrollo" se impulsan en cada país en asocio y contubernio con las clases dominantes que juegan el papel de socios y sirvientes del imperialismo y, desde luego, sobre la base de la subordinación de las clases trabajadoras y de los pueblos.

Así, una de las primeras propuestas fue el denominado modelo de "sustitución de importaciones". Se trataba, en lo básico, de empujar a través del crédito y de las inversiones directas, un proceso de industrialización que tuviera en cuenta las materias primas disponibles y el mercado.

Esta propuesta fue incubada en el Departamento de Estado del Gobierno de los

EE.UU y se la impulsó a través de la CEPAL (Comisión Económica para la América Latina). Se pretendía fortalecer a las burguesías nativas en su disputa con los terratenientes, al tiempo que se afirmaba su dependencia con EE.UU; contribuir a la expansión del mercado interno; responder ordenadamente, y en los marcos del sistema capitalista, a los afanes nacionalistas y patrióticos de los pueblos.

Esta modalidad de la dominación económica no excluía la imposición del monocultivo y o la mono producción extractiva en buena parte de los países: las repúblicas bananeras, los países mineros, petroleros, etc. Eran las dos piernas de la expoliación imperialista.

Más adelante, aparentemente como una propuesta alternativa de las burguesías latino americanas, pero en realidad como parte integrante de la política imperialista, se impulsó el llamado "modelo desarrollista". Se trata de una propuesta de modernización de las fuerzas productivas; de un proceso de industrialización limitado y controlado; de la realización de reformas agrarias, que contuvieran el auge de las luchas campesinas que amenazaban con arrasarlo todo, que contribuyeran al fortalecimiento del mercado interno y crearan la ilusión del progreso material y el desarrollo de los países.

Con la implementación del desarrollismo se pretendía dar una respuesta a la revolución cubana que había alcanzado la victoria y al auge de la lucha revolucionaria que crecía en América Latina.

Cuando se produjo el colapso del "socialismo real", las políticas neoliberales fueron implementadas con fuerza en América Latina. Las burguesías de los diferentes países abrazaron alborozadas esas orientaciones y se propusieron imponerlas a como de lugar. Contaban con el reflujo de la lucha social y revolucionaria que se había producido, con el debilitamiento de la clase obrera, con la dispersión ideológica y política del movimiento revolucionario.

Hoy en día se está produciendo un proceso de desindustrialización, puesto que los complejos industriales deben localizarse en los sitios y o países donde son más rentables a plazos más cortos; las políticas privatizadoras de las empresas estratégicas, petróleo, electricidad, teléfonos se han aplicado en la mayoría de países; cosa igual ha ocurrido con las responsabilidades del Estado en salud, educación y seguridad social; la flexibilización laboral se impuso a rajatabla y golpeó duramente al movimiento sindical. La apertura total de los Estados latinoamericanos a la inversión directa es un hecho rubricado en las constituciones y las leyes, incluso se produce la solicitud mendicante de las inversiones extranjeras como la "única forma de desarrollo posible". La propuesta de libre mercado, de la eliminación de los aranceles aduaneros está en marcha. El ALCA no está fuera de la agenda del libreto norteamericano; solo la resistencia de los pueblos ha impedido que se concrete. Pero los EE.UU. pretenden llegar al ALCA a través de los Tratados de Libre Comercio, celebrados bilateralmente o, en el marco de subregiones, como el suscrito con los países de América Central y la República Dominicana.

Aparte de la ingerencia económica a través de las políticas que hemos reseñado brevísimamente, debemos afirmar que las inversiones directas en los países latinoamericanos más importantes y, sobre todo, aquellas dirigidas a las áreas estratégicas, están en manos de los monopolios norteamericanos.

——–

Las políticas del imperialismo

Para asegurar los intereses económicos norteamericanos se ha utilizado alternativamente, según las condiciones, "la política del gran garrote" y la "política del buen vecino". Una y otra son esencialmente lo mismo, la imposición de los designios de los monopolios.

Antes del triunfo de la revolución cubana, en 1959, los Estados Unidos impusieron y o sostuvieron a dictadores y sátrapas que asolaron varios países, imponiendo a sangre y fuego su presencia y los intereses de la oligarquía y los monopolios. Trujillo en la República Dominicana, Pérez Jiménez en Venezuela, Somoza en Nicaragua, Strossner en Paraguay, Batista en Cuba, Duvalier en Haití. La lucha popular derrocó a la mayoría de esos dictadores y en algún caso los propios norteamericanos organizaron la retirada, por el temor de que se produjera otra revolución como la cubana, que enfrentó y derrotó una dictadura de esa calaña.

Simultáneamente apoyaron y o toleraron expresiones del populismo que se irradiaron por América Latina como Perón en Argentina y Vargas en Brasil.

En las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, frente al desarrollo de la lucha popular en América Latina y en el resto del mundo, principalmente, las guerras de liberación nacional en África y Asia; las gigantescas movilizaciones de la juventud en todos los continentes, incluida la Europa imperialista y los propios EE.UU., se impusieron, dictaduras militares anticomunistas, con la sola excepción de Colombia, Venezuela y México, que tenían el propósito de ahogar en la represión y la tortura a los revolucionarios. Se trataba de dictaduras militares institucionalizadas, a nombre de las fuerzas armadas, incubadas, organizadas y dirigidas por la CIA. De entre ellas se destacaron por su ferocidad los militares brasileros y argentinos. Se individualizó por su naturaleza fascista y su larga duración, la dictadura de Pinochet, en Chile.

Cuando la lucha democrática y antidictatorial de los pueblos amenazaba con derrocar esas dictaduras y dar una perspectiva revolucionaria, se orquestó la transición a la democracia representativa. La democracia representativa es, desde los años ochenta, la orientación imperialista para los países de América Latina. Según ella, como supuestamente se derrotó al comunismo, existen las condiciones para la vigencia de la democracia, para asegurar los intereses económicos del imperialismo sin acudir a las dictaduras militares. Aparentemente se cerró el ciclo de gobierno constitucional – dictadura militar – gobierno constitucional, que caracterizó secularmente a las repúblicas de América Latina.

En las actuales condiciones, a través de las elecciones, se implantan gobiernos proimperialistas. Sin embargo la situación está cambiando, los procesos electorales están produciendo un importante viraje de los gobiernos en algunos países latinoamericanos. Con seguridad, esta nueva situación será tenida en cuenta en la política norteamericana.

Como es conocido, el imperialismo norteamericano elabora políticas a largo plazo dirigidas al mantenimiento y desarrollo de su hegemonía en el mundo. En esas políticas, América Latina es considerada como el área de influencia directa, como la zona del dominio exclusivo, "como el patio trasero".

En esas políticas se inscriben los famosos Planes Santa Fe uno, dos, tres y cuatro.

 

La lucha democrática, antiimperialista y revolucionaria

en América Latina

La clase obrera y los pueblos de América Latina no han permanecido impasibles ante las políticas de expoliación y opresión del imperialismo y de las oligarquías.

Una y otra vez, en diversa magnitud y profundidad, en los diferentes países se ha expresado la lucha por la soberanía y la independencia nacional, los combates por la democracia y por los derechos sociales de las masas trabajadoras.

A través de estas batallas se ha derrocado a gobiernos dictatoriales y se han echado abajo algunos convenios y tratados imperialistas. Los importantes derechos democráticos y sociales de los trabajadores y de los pueblos de los países latinoamericanos han sido resultado de la organización y la lucha sindical y política, nunca fueron una concesión de las clases dominantes y el imperialismo.

La lucha de la clase obrera por sus derechos y aspiraciones se desarrolló y lo sigue haciendo en franca confrontación con los empresarios y los gobiernos de turno; tuvo necesidad de la organización sindical, de la movilización, la huelga, el levantamiento y la insurrección. Ningún gobierno burgués regaló nada a la clase obrera. Igual, la lucha por la tierra fue y continúa siendo una expresión masiva de los campesinos pobres: recorrió las más diversas formas de organización, acudió cuantas veces fue necesario a la toma violenta de las tierras, resistió los desalojos y volvió a la carga; en algunos países originó grandes levantamientos.

En la contienda contra el imperialismo, que tiene una vigencia secular, han participado la clase obrera y el campesinado, las clases y capas medias, inclusive, algunos sectores de la burguesía.

En esas luchas, las burguesías de América Latina demostraron siempre una posición conciliadora, rebajaron siempre sus demandas a la renegociación de la dependencia y se amoldaron siempre a los designios norteamericanos. Demostraron así que no representaban a los pueblos, que no defendían los intereses de los países. Sus acuerdos y negocios se dieron en torno a la seguridad de sus intereses de grupo. Ningún sector de la burguesía asumió posiciones nacionales y patrióticas consecuentes.

La participación de las clases y capas medias tiene un peso significativo en la historia de los países de América Latina. Sectores radicalizados de la pequeño burguesía asumieron y mantienen posiciones patrióticas consecuentes, se involucran en la lucha social, en la contienda por la justicia y la equidad. Algunos de esos sectores, inclusive, exhiben las banderas del socialismo y se involucraron en la lucha armada revolucionaria, en la guerrilla rural y urbana. En los hechos constituyen parte de las fuerzas de la revolución social del proletariado.

En el proceso de la revolución cubana, el Movimiento 26 de Julio tuvo la capacidad de aglutinar a la gran mayoría de los trabajadores y el pueblo cubanos y conducirlos contra la dictadura de Batista y, mediante la lucha armada revolucionaria, alcanzar la victoria, en enero de 1959. Luego, tuvo la capacidad de conducir esa revolución tras los ideales del socialismo.

El triunfo de la Revolución Cubana tiene además una gran trascendencia histórica, se pudo concretar a 90 millas de la potencia militar más grande de la historia, los EE.UU., y, se puede mantener a pesar del bloqueo económico y comercial de más de 40 años. Demuestra que un país pequeño puede hacer revolución, puede vencer y sostener la victoria si se apoya en la movilización de las masas y en una justa política revolucionaria.

En la América Latina, de entonces la Revolución Cubana echo al traste de basura la tesis revisionista del "fatalismo geográfico", según la cual en América Latina no podría triunfar la revolución y los comunistas habríamos de limitarnos a la lucha por la democracia y por la paz.

En los hechos, numerosas organizaciones políticas revolucionarias de la pequeño burguesía vienen participando activamente en la lucha social y nacional. En algunos países y procesos asumieron el liderazgo y alcanzaron inclusive la hegemonía del movimiento de liberación nacional. Buena parte de la lucha armada revolucionaria conducida y liderada por este tipo de organizaciones fue incidida por las concepciones voluntaristas del foco guerrillero.

Por esa razón, a pesar de la entrega y la heroicidad de sus protagonistas fueron derrotadas política y militarmente por las fuerzas armadas reaccionarias de cada país, auxiliadas y asesoradas por las políticas y mandos militares estadounidenses, de la CIA y del Departamento de Estado.

Una fuerza política de esa naturaleza, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, alcanzó la victoria en Nicaragua, en 1979. Y, evidentemente, como lo muestran los hechos históricos, no tuvo la capacidad política y social para llevar esa revolución hasta las últimas consecuencias, a la preservación de la independencia nacional.

Hay que recordar que los sandinistas no se propusieron la construcción del socialismo, ni siquiera de palabra.

En la lucha por la liberación social y nacional, la participación del campesinado registra grandes movilizaciones en la mayoría de los países. Grandes contingentes de campesinos pobres se organizaron para la conquista de la tierra, buena parte de esos sectores comprendieron que ese propósito estaba unido a la lucha de la clase obrera y de los pueblos. Se registran grandes movilizaciones y levantamientos, la toma generalizada de las haciendas, a más de trascendentes acciones políticas. Una buena parte de las organizaciones guerrilleras nuclearon en sus filas a decenas de miles de campesinos

.

La clase obrera es una de las fuerzas protagonistas de la lucha de los pueblos latinoamericanos contra la dominación del imperialismo. Desde las primeras décadas del siglo XX, el proletariado se involucró activamente en la lucha por la emancipación social. En varios países, las primeras huelgas y acciones de la clase obrera fueron reprimidas a sangre y fuego, sofocadas con la masacre de miles de obreros combatientes. Recuperamos para la memoria histórica de la clase obrera la "semana trágica" en Argentina, las huelgas de los obreros petroleros de México, la huelga general del 15 de noviembre de 1922 en Ecuador, la masacre de los obreros bananeros de Urabá, en Colombia, entre otras grandes jornadas de los trabajadores. Ese fue el bautismo de sangre, con el cual la clase obrera inició su lucha por el socialismo en América Latina.

En todas las acciones: reclamos, huelgas, movilizaciones, marchas, levantamientos, insurrecciones y guerras civiles, la clase obrera ha formado parte de las fuerzas insurgentes. En los años veinte y treinta del siglo pasado, se organizaron los partidos comunistas en numerosos países. La sección latinoamericana de la Internacional Comunista fue muy activa en la organización del movimiento sindical de la clase obrera y de los partidos comunistas.

Con el triunfo de la Revolución Cubana, en los años sesenta se inició una oleada revolucionaria en América Latina. Se desarrolló a nuevos niveles la lucha de la clase obrera y simultáneamente la lucha campesina por la tierra. Las clases y capas medias se involucraron activamente en la organización y la lucha popular. En buena parte de los países se desenvolvió la lucha armada revolucionaria, adoptando la forma principal de guerrilla rural, pero también se hicieron experiencias de guerrilla urbana. Ese auge de la lucha revolucionaria se hizo presente en todos los países, de manera intermitente. Las masas trabajadoras se expresaron también a través de las elecciones, así, se produjo el triunfo de Salvador Allende en Chile.

En 1979 y luego de un proceso de lucha armada y de la insurrección popular en Managua, en contra la dictadura de Somoza, triunfa la Revolución Sandinista.

El auge de la lucha revolucionaria, a pesar de algunas derrotas en varios países, continúa hasta fines de los años 80, cuando el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional negocia la entrega de armas, coincidiendo, en los tiempos, con el colapso del revisionismo y del "socialismo real".

Esta oleada revolucionaria conmovió a las sociedades de América Latina:

·  Originó un buen número de organizaciones revolucionarias provenientes de la pequeño burguesía, que se proclamaron luchadoras por el socialismo, algunas de ellas, inclusive se involucraron activamente en la lucha armada revolucionaria y dieron muestras de consecuencia con sus ideales.

·  Desenmascaró de cuerpo entero a las camarillas revisionistas de los viejos partidos comunistas y dio lugar a la organización de los partidos marxista leninistas que se propusieron, en la teoría y en la práctica, aplicar el marxismo leninismo a la realidad de sus países, a organizar y hacer la revolución según sus principios.

·  Dio lugar a un movimiento revolucionario de masas de la ciudad y el campo que fue protagonista de grandes luchas sociales y políticas, que se convirtió en una fuerza antiimperialista y democrática y, en buena medida, en una fuerza revolucionaria.

·  Permitió la radicalización de la juventud estudiosa, que se sensibilizó y pasó rápidamente, de posiciones contestatarias a la acción revolucionaria directa.

·  Fue el escenario para la utilización de todas las formas de lucha: movilización callejera, huelgas y manifestaciones, levantamientos, insurrecciones, tomas de tierras, guerrilla en su versión rural y urbana, expresiones de terrorismo individual.

·  En el curso de las luchas sociales, políticas y revolucionarias que se desenvuelven en América Latina, al interior del movimiento popular, se expresan distintas corrientes ideológicas y políticas que se proclaman como alternativas para la lucha por la justicia social y la equidad, algunas incluso, para la revolución y el socialismo; que tienen incidencia en la organización y lucha de la clase obrera, el campesinado y los estudiantes. Anotamos entre ellas al castrismo, el bolivarianismo, el cristianismo de izquierda, el indigenismo, el maoísmo y el trostkismo.

Los comunistas marxista leninistas participamos activamente en este escenario, estuvimos presentes en la organización de la clase obrera, del campesinado y de la juventud estudiosa, en la lucha política, y algunas formaciones, en la lucha armada revolucionaria. A pesar de estas actitudes y acciones, no tuvimos la capacidad política y la fuerza suficiente para liderar esos procesos.

 

El liderazgo de las fuerzas sociales populares de América Latina, en esta oleada, correspondió a las organizaciones revolucionarias de la pequeño burguesía.

Estas circunstancias explican por qué este activo proceso de la lucha revolucionaria fuera derrotado política y militarmente en algunos países y que, donde triunfara no tuviera la capacidad de llevar la revolución hasta el fin.

La revolución enfrenta en América Latina al imperialismo, principalmente norteamericano, y al capitalismo. Es una revolución de carácter social y nacional. Sólo puede alcanzar la victoria y construir el socialismo si es organizada y conducida por el proletariado y su partido.

No se trata de que los comunistas nos consideremos infalibles y que únicamente nosotros estamos en capacidad de conducir la lucha revolucionaria del pueblo a la victoria. No. Nosotros estamos claros de que en esta lucha tienen cabida muchas fuerzas y personas revolucionarias. De lo que se trata es que los comunistas estamos interesados en la revolución social del proletariado, somos luchadores consecuentes por el socialismo y el comunismo, asumimos como guía revolucionaria al marxismo leninismo. Estos hechos nos permiten cumplir nuestras responsabilidades.

Las otras fuerzas sociales y políticas interesadas en la revolución, si tienen la disposición y decisión de luchar por el socialismo, deben encontrarse con el marxismo leninismo y sumar fuerzas con la clase obrera y su partido. No proponemos y menos exigimos la adhesión al partido del proletariado; planteamos hacer causa común en esos propósitos y en los caminos para conquistarlos.

 

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